Etiquetas

Tecnología y Gerencia

Seguidores

Con la tecnología de Blogger.
jueves, 10 de diciembre de 2009

LOS HIJOS DE LOS PLÁTANOS



Pensar que ya hacía días que había perdido mi musa, por decirlo así, musa ó ganas de escribir y no lograba ni conjugar dos párrafos seguidos, de verdad que no escribía desde hace meses, hoy cuando se pierden otras cosas y estoy convaleciente, la musa llega y es bienvenida nuevamente, presumo que todos tenemos el deber de seguir adelante, así que estoy volviendo a mi bitácora en la Red, y lo estoy haciendo con un post muy especial para mí.

A veces las personas no saben lo que dicen y no tienen idea de los que significa ser campesino. No hace mucho un ignorante y lo voy a llamar así, para no agraviarlo tanto, por el hecho de que una hija mía se mostró callada y quizás porque no se manifestó interesada en su ególatra personalidad, la llamo “campesina” o al menos eso pretendió esgrimir con un vocablo impropio, creyendo que con eso la podía ofender, más sin embargo, ella lloro relatándome el hecho, no porque la llamara así, sino por la simple pretensión que tuvo aquel engreído de rebajarla llamándola de esta manera. Yo la abrase y le dije mi niña, eso no tiene porque ofenderte, no hay nada más digno que ser campesino (Persona que vive en el campo), un campesino es un agricultor, una persona que cultiva la tierra, créeme hija, no hay nada más digno que eso. Nosotros los que llevamos en las venas sangre de los Moreno Matheus, todos sin excepción somos campesinos y eso lejos de ser una ofensa, para mi es más que un cumplido. Mi niña y aquí en este post te voy a explicar porque lo digo con autoridad. Y desde esta tribuna le digo al despótico personaje que te quiso vejar, nosotros amamos ser lo que somos y no nos avergonzamos de nuestras raíces, tú eres caribe y lo sabes, pero te avergüenza ser lo que eres, por eso pretendes y quieres ser, lo que no eres. Déjenme decirlo así amigos, ese estúpido que niega su procedencia y cree que con sus vestidos caros y su acento estilizado va ha ocultar su raza, no es más que un malviviente, una vergüenza latina, si… eso es, una vergüenza para nuestros ancestros americanos.


Una vez escuche decir a un excelente refranero y coplero de nuestro pueblo, Don José María Balza, apodado cariñosamente “Malcriado” dijo: “Nosotros los campesinos somos gente de cuidado y yo diría con mucho fundamento que, sólo hay algo más peligroso que un campesino” y cuando le preguntaron que, dijo: “Un campesino ilustrado”. Y asentó “Sólo eso es más peligroso que un campesino, otro campesino también… pero que haya estudiado…”. Aunque luego con una sonrisa muy picara dijo: “Pero tigre no come tigre” y soltó una carcajada típica de su extrovertida personalidad. Queriendo significar que él no estudio en la universidad, pero que con lo que aprendió en la vida, fue más que suficiente para vivir con dignidad y orgullo. Y por supuesto al hecho de que sus saberes tanto populares como culturales venían de su amor por la lectura. Y efectivamente recuerdo que él era un hombre con el que se podía mantener extensas conversaciones en variadas áreas del conocimiento y sus distintas temáticas. Hoy sé que Malcriado, que en paz descanse, tenía mucha razón.

Así que, engreído citadino te lo voy a decir sólo esta vez para que aprendas y nunca más trates de ofender a la gente que trabaja la tierra. El 90 % por no decir el 100 % de lo que has comido y bebido en tu disminuida y poco agraciada vida, proviene del campo, y gracias a los campesinos de este país que han trabajado la tierra, desde casi la era prehistórica, tu vives, pretendes caminar y sigues respirando desgraciadamente para la humanidad y la gente de bien como nosotros. Si te avergüenza tanto, ser latino, sube más al norte, quédate por allá con los sajones y para acá no vengas más, que Venezuela no necesita tu miseria.

A veces los motivos provienen de alicientes negativos, y quizás por eso desde hace meses quería hablarles de mi gente y en este escrito lo voy hacer relatándosle un poquito de historia, una muy particular, pero que también puede ser muy común para mucha gente en nuestros pueblos… Es la historia de una parte de mi familia, la familia de mi Madre y de cómo se convirtieron y nos convirtieron, a nosotros sus hijos, sobrinos y nietos en… Los hijos de los plátanos.

No obstante, antes de hablar de los Moreno Matheus mi briosa familia, tengo la obligación primero, de hablar de Arapuey, mi bello pueblo natal y lo digo así, sin temor a que… Me digan “pero en tu documento de identidad dice que naciste en Valera Estado Trujillo…” Cosa muy cierta, pero eso fue sólo circunstancial pues en Arapuey en esos tiempos no existían las condiciones hospitalarias de hoy, y no es que hoy hayan muchas precisamente, así que mis padres como buenos María y José que son, se fueron a Belén y yo nací en Valera, no obstante, la primera vez que abrí mis ojos y di mis primeros pasos fue en Arapuey, y aunque hoy, voy y me puedo sentir ajeno por el tiempo, ya son 25 años que de allí me fui, igual siento que ese pequeño pueblito de la zona Sur del Lago de Maracaibo en el Estado Mérida, el cual sigo visitando de año en año, sigue siendo mi pequeña patria en esta bella Nueva Venecia. Así que con autoridad y orgullo lo digo, primero que nada, soy campesino y arapueyense de pura sepa y corazón.



San José de Arapuey fue fundado aproximadamente a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX relativamente, nació del asentamiento comercial que se creó a raíz de transacciones comerciales y el trueque o canje de mercancías agropecuarias de los Andes venezolanos, especialmente de los pequeños pueblitos Andinos de aquella parte oriental y nororiental del Estado de Mérida y los pueblitos de la zona occidental y noroccidental del Estado Trujillo, entre los que se destacan: Piñango, Mocuchies, Timotes, Chachopo, Palmira, La Puerta, Mendoza Fría, Monte Carmelo, Escuque, Betijoque, entre otros y los pequeños caseríos que se fueron formando en el devenir del tiempo y el traslado de la gente de estos pueblos de economía netamente agrícola hacía las zonas bajas, en ese acontecer se crearon asentamientos que prosperaron, otros que se estancaron en el tiempo y otros que murieron en el intento, entre estos: Palmira, Torondoy, Santa Polonia, Las Virtudes, Mesa Julia, La Azulita, La Mesa del Palmar, Las Veritas, La Florida, El Cerro, Los Caraños, Mesa Bonita, El Albarical, entre otros. Asimismo por todo el Sur del Lago de Maracaibo al pie de la cordillera desde El Vigía hasta Agua Viva, se formaron, Tucaní, Nueva Bolivia y, su vecino pueblo siamés Caja Seca en el Estado Zulia, que los une y separa el río Torondoy, San Pedro, El Pilar, Caño Zancudo, Guayabones, Mucujepe, Buena Vista, Sabana Grande, Sabana de Mendoza, El Dividive, entre otros y entre ellos Arapuey, mi pueblo. Todo por el pescado fresco y salado, la carne de Res fresca y seca, algunos frutos que recolectaban los indígenas de la zona y los criollos de origen zuliano (Del Estado Zulia) que poblaban la zona sur del Lago y que fundaron en sus costas, pueblos como: El Chivo, el pueblo de los plátanos, los más grandes de toda Latinoamérica y el mundo, cerca del delta del río Chama con el Lago de Maracaibo, San José, Palmarito, Bobures, Gilbrartar, Boscán, El Puerto La Dificultad y el casi abandonado Puerto Internacional de la Ceiba ya en el Estado Trujillo.



Existen algunos datos extraoficiales que señalan como el fundador de Arapuey a Don José Tomas Delgado, de quien se dice, fue el primer poblador que se asentó en ese pedacito de tierra limítrofe con el Estado Zulia y el Estado Trujillo, entre los años 1915 y 1920. Aunque otros historiadores merideños señalan a Fray Matías Hinostroza como fundador, yo me inclino más por la historia de los cronistas del pueblo, dado que a éste Fray se le asocia más con la fundación de Arapueycito, pueblo fundado según documentos antiguos en tiempos de la Conquista y Colonización española, hoy totalmente desaparecido y mitificado.

A partir de ese momento del año 15 al 20 de siglo pasado, el pequeño lugar fue creciendo paulatinamente, hasta la construcción de la Carretera Nacional Panamericana, por allá en los años 1950 – 1955, que fue cuando los buscadores de tierras y mejores condiciones de vida, vinieron buscando el verdadero oro… La tierra, ha trabajar los territorios baldíos de esa zona que hasta entonces eran grandes extensiones de selva tropical y grandes sabanas desabitadas, aunque se dice que los Arapueyes eran grandes agricultores y que a la llegada de los españoles encontraron grandes plantaciones de Cacao y otros rubros. No obstante, supongo que estas tierras para principios del siglo XX eran aún muy inhóspitas y para aquel entonces carecían de terratenientes de herencia colonial, bueno eso creo o tengo la hipótesis de que era, a menos de que nuestros primeros pobladores hayan sido invasores de estas tierras, cosa que es posible, porque luego de la primera Reforma Agraria muchas de esas tierras fueron escrituradas a nombre de los que las trabajaban desde hacía ya años, de otro modo nunca se habría poblado y explotado esta amplia zona del Sur del lago.

Tengo que decirlo con un poco de tirria, mi pueblo esta en una de las partes más hermosas de los Andes venezolanos, desconocida para muchos, con ríos de fuerte caudal, bellos paisajes confundidos con montañas, llanos y sabanas. Con recursos naturales extraordinariamente increíbles y de gran diversidad geográfica y culturas pintorescas, una economía local prospera y una de las zonas agropecuarias más productivas de Venezuela, se puede decir sin contar con datos duros y con un poco de especulación que allí se produce casi más del 60 % de las carnes bovinas y porcinas, además de la leche, así como muchos de los rubros agrícolas que se consumen en todo el país y que exporta aproximadamente algo más del 40 % de la producción de dichos rubros. Tierra bendita que te puede dar lo que siembres, sin exageración, todo lo que siembres y que se destaca por grandes haciendas de ganado, de siembras de Yuca, Caña, Maíz, Cacao, entre otros, pero que entre ellos se destacan el café en las zonas altas y frías del norte de la cordillera que colinda con el Sur del Lago, el mejor de Venezuela y uno de los mejores del mundo y en la zona baja ya en el delta de decenas de ríos, se produce los plátanos en casi todas sus especies y familias: bananos, cambures, titíaros, manzanos y por supuesto el Plátano gigante el mejor del planeta como ya había dicho antes, que generalmente es exportado a los grandes mercados de Norteamérica y la Unión Europea. Recuerdo una vez que fui en unas ferias del Sol en Mérida a una exposición Agrícola y estaban exhibiendo unos racimos de plátanos gigantescos, cada unidad era como el tamaño de mi brazo entero y de gran grosor. ¿Increíble verdad? Pero es una realidad. Sino lo creen… vayan al Chivo y verifíquenlo, allá hay muchas plataneras especializadas en la manipulación genética del rubro, si, aquí mismo en Venezuela. Van quedar boquiabiertas.

Si… mucha lastima me dan aquellos compatriotas que se han eximido de conocer esta verdadera tierra de gracia y aún más, los coterráneos de mis queridos Andes venezolanos, que piensan o creen, y no por culpa de ellos, si no por nuestra muy mala instrucción en la Historia, la geografía y el turismo de Venezuela, que los Andes venezolanos son sólo el Teleférico de Mérida, El Pico Bolívar, Mérida, el Páramo, el Pico del Águila, Tovar, Bailadores, Jají, los pueblos del Páramo, San Cristóbal, La Grita, Trujillo, Valera, La Puerta e Insnotú, entre otros. Lastima me dan, no por tenerle a menos, sino por desconocer estas bellezas naturales, estos paisajes y este olor a tierra y monte que nutre mis sentidos y me hacen sentir orgullo, con arraigo, dignidad y gentilicio andino.



Así como lastima me da, no conocer yo, parte de mi Venezuela querida y lo que han hecho nuestros ancestros en toda la Cordillera de los Andes, en Colombia y en Ecuador el legado de los Chibchas, en el Perú y Bolivia el tesoro dejado por los Incas, conocer el Machu Pichu y el camino real del Inca, el glaciar tropical más grande del mundo, el lago más alto del planeta, en fin la grandeza de nuestra cordillera andina desde aquí hasta Chile, las Pampas y la Patagonia de la Argentina. ¡Hummmm! Tengo que respirar profundo… como quisiera darme un trago de Miche (Aguardiente) Andino y después ponerme en mis dientes una bola de Chimo (Tabaco Pisado, aliñado y untado con lejía) que me duerma la lengua, me de una breve sensación de mareo ja ja ja ja… y me espante este sueño al que ya me estaba acostumbrando. No quisiera morir sin conocerlos… por supuesto me refiero a todos los Andes Americanos, la herencia de los Mayas en Centro América y la península de Yucatán y, el País Azteca… Algún día. Debo tener la esperanza, antes que conocer Europa o Norteamérica.

En tal sentido, en su oportunidad me voy ha ocupar de darles a conocer mi tierra, a través del verbo hecho documentos, gráficas y videos, para que se animen y la próxima vez que visiten los hermosos Andes de Venezuela, vayan al Sur del Lago de Maracaibo en el Estado Mérida y parte del Estado Zulia y el Estado Trujillo, para que conozcan esta tierra y esta cultura multicolor, repleta de bellezas desconocidas para muchos, montañas, cascadas, cuevas, pozas, ríos, aguas termales y más… Una rica gastronomía y… ¡Gente hermosa, simpática y cordial!

Pero… El tema de este post es mi familia, así que continúo… Con la Historia de Arapuey… Cómo se formó o conformó, como pueblo.

Se dice y reconoce ampliamente, que su origen se debió principalmente a una necesidad de Mercado y de transacciones comerciales, es decir, por una cuestión de economía, de oferta y demanda.

Hace ya muchos años, escuche una conversación de gente muy bien documentada sobre la materia, en la casa del Sr. Pedro Trejo, mi amigo y esposo de mí querida prima Nancy Andara, El Profesor Parra, como él y yo nos llamamos así por un personaje muy famoso en Mérida de la época de la Dictadura de Juan Vicente Gómez, estábamos en el bello pueblito andino y merideño de Palmira, no del Estado Táchira, sino del Estado Mérida, apuesto que muchos tampoco lo sabían, que en Mérida también había un poblado llamado así, claro minúsculo al lado de Palmira del Táchira, pero pueblo al fin, bien andino y típico. Yo era un joven que recién entraba en los 19 años, más pendiente de lo superficial y banal que de lo esencial, pero ese día escuche con detenimiento, y estos son los momentos en los que tengo que agradecer a mis padres y maestros, los principios y valores que sembraron en mi, aunque en aquel momento no estuviera conciente de semejantes tesoros, de verdad que cuando a uno le interesa una conversación o tema y presta atención detenidamente, las palabras se guardan en nuestra memoria como en el Disco Duro de tal ó cual computadora que… ni porque le echemos al fuego borra la huella de su magnetismo, así se quedo en mi mente la conversación de ese día, hablaban del origen de su pueblo y salió ha relucir que su nacimiento guardaba relación también con el origen de Arapuey, así que me senté y escuche el relato y hoy gracias a las maravillas de la tecnología y al auge de la Web 2.0 para compartir, se las voy ha relatar ustedes mis queridos amigos.

Empezamos hablando de las siete lagunas que están en el paso de la travesía por el páramo andino desde Palmira, hasta Piñango, este último, pueblito famoso en el Estado por su calentadito y sus fiestas tradicionales y el cultivo de la mejor Papa de Venezuela, que pueden encontrar por la Carretera Trasandina vía al Pico del Águila y por su posterior desvió hoy ya una carretera pavimentada, pero desde Palmira hasta allá todavía son casi un día de camino a pie y como 8 horas en bestia (mula, burro o caballo) atravesando el escarpado páramo. Luego uno de ellos manifestó ese mismo era el camino real por donde viajaban los indígenas, los primeros colonos y criollos de esos páramos hasta el Lago de Maracaibo, pasando por aquí, por Palmira y posteriormente por Arapuey hasta llegar al lago, para negociar con los indígenas del litoral del Lago de Maracaibo y los primeros en habitar esa basta área, las hortalizas que cultivaban por el pescado fresco, salado y algunas carnes frescas y secas. Yo pregunte… es decir, que… ¿esa gentes pasaban por aquí, por Palmira y descansaban de la larga travesía del páramo y luego seguían hasta Arapuey, donde imagino también descansaban, hasta llegar al lago? Pedro Trejo, me dijo: “No al lago no, primero a Gilbrartar, el primer puerto fundado por los Conquistadores y posteriormente a la Dificultad, al Puerto la Dificultad”, pequeño poblado que en ese entonces quedaba a orillas del Lago. Pero asentó: “los primeros que pasaron por estos senderos no consiguieron a Palmira y mucho menos a… Arapuey”. Y se sonrió. Eso despertó en mi mucho interés y les pregunte a Pedro y a los mayores que compartían esta historia tan particular con los más jóvenes que desconocíamos nuestros verdaderos orígenes:

¿Cómo es eso de que los primeros que pasaron no encontraron estos pueblos?

Pedro con una sonrisa picaresca me dice: “precisamente ese fue el punto de partida y el origen de estos Pueblos, primero Palmira y posteriormente Arapuey”. Aquella noche escuche a estos señores discutir sobre nuestros orígenes y lo fui entendiendo, y viendo cada vez más claro.

Los indígenas y primeros criollos de esos pueblos andinos hacían una gran travesía, calculo que de unos cuatro o cinco días de ida y regreso, pasando primero el frío páramo llegando a un primer campamento o paraje que lo llamaron San José de Palmira y así se fundó éste pequeño pueblito andino, que hasta casi los años sesentas del pasado siglo, fue la Capital del Municipio Julio Cesar Salas, que luego pasaría a tener como su capital a Arapuey. Palmira se destaca por ser un pueblo de economía netamente agrícola, cafetalera principalmente, allí se crearon sendas haciendas de café y de cambur o bananos en la medida que se desciende de sus perímetros, su clima frío y templado, son especiales para estos rubros agrícolas y al comenzar a descender y encontrar la densa y exuberante vegetación de esos bosques y selvas tropicales, llegaban a otro paraje y allí montaron un segundo campamento para descansar, con el devenir del tiempo, a ese pequeño campamento lo llamaron Arapuey.

Se cree que desde Palmira, los andinos proseguían bajando hasta el Lago de Maracaibo, específicamente hasta un pequeño pueblito fundado en las riberas del lago, llamado: El Puerto la Dificultad como ya se dijo antes, en donde primero se negociaba con el sistema de trueque, con sus productos agrícolas, por pescado y las carnes de res, y posteriormente se comercializaba con papeles y moneda. Esta dinámica, persistió por mucho tiempo y para entonces ni se soñaba con Arapuey como pueblo, aunque existe un mito de un pueblo que existió desde la colonia en un sector intermedio entre Palmira y Arapuey, que supuestamente se llamaba Arapueycito, dice la creencia que era un pueblo muy rico y con mucho oro, escuche de niño que se le asociaba con el ansiado y muy buscado Dorado, que la banalidad de sus habitantes y el libertinaje los destruyo por castigo divino, con un terremoto ó un alud que los hundió en las fauces de la tierra, aunque algunos historiadores y cronistas de Mérida, dicen que todos sus habitantes murieron por la Gripe española y que fueron sepultados en Gilbrartar.

Cuando uno pasa por ahí, se puede ver como de verdad parece que allí hubo un deslizamiento de tierra y de verdad que cuando uno observa por donde aparentemente quedaba ese pueblo se ve un profundo abismo al que llaman la profundidad, asombrado quedé una vez que fui por casualidades de la vida a la Escuela de Cartografía de la Universidad de los Andes y encontré un mapa antiguo, donde se señala ha Arapueycito como un poblado ubicado más o menos en las latitudes de la profundidad, lo escribo y todavía se me erizan los bellos de mis brazos, pues ese pueblo, si existió, hoy no queda nada de él, ni siquiera ruinas, sólo este mito y los cuentos de los viejos del pueblo que fueron cazando por ahí y consiguieron morocotas (grandes monedas de oro puro), espadas y reliquias de la época colonial, que se presumen fueron vestigios de aquel poblado que supuestamente alguna vez existió y que aquel día me salió como un fantasma en aquel viejo mapa del Estado, en la Universidad.

En otra entrega, tendremos oportunidad de hablar de Arapueycito, y ojala que podamos vislumbrar si es un mito o una realidad, su nombre, al igual que el de mi pueblo, refiere al Río de su misma denominación que dicen una vez pasó por sus terrenos y que ahora pasa como ha unos kilómetros de ahí, pero que todos los arapueyenses de mi generación desde nuestra infancia, conocimos por su escaso torrente, como Río Seco. El Río Arapuey Grande.

Claro esta que Arapuey, como nombre, debe obedecer a una voz indígena, que proviene de la raza precolombina que habitaba esta zona de Mérida y parte del litoral del Lago, los Arapueyes hoy extintos, descendientes al igual que los Tatuy, Giros y Timotes, de los Tomotocuicas y estos a su vez de una rama de los antiguos Incas que extendían hasta allí su basto Imperio. Creo que al igual que los Quiriquires, Torondoyes y los Güigüires que también habitaban la Zona Sur del Lago, fueron dominados y eliminados por la Conquista y la Colonización Española, después de 1558, con la llegada de los Conquistadores al mando del Capitán Juan Rodríguez Juárez fundador de la Amérita anterior en Venezuela (voz latina y ciudad Romana en España que luego se convertiría en el idioma español a Mérida) y Posteriormente el Capitán Juan Maldonado fundador de la Mérida ulterior, Santiago de los Caballeros. Que a la final por consenso, se decidieran por la denominación de Mérida para la ciudad en honor a la Mérida española. Y que hoy se le dice en honor a su segundo nombre: Santiago de los Caballeros, Mérida la ciudad de los Caballeros. De esto también hablaremos en otro post, si la divina providencia lo permite por supuesto.

Se cree que a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, en el Puerto la Dificultad y la basta zona del Sur del Lago, se presentó un brote de Malaria y de otras enfermedades endémicas aún desconocidas para la época, que contagiaban a las personas que bajaban del páramo enfermándolos gravemente. En ese devenir, murieron muchos y otros padecieron la dureza de estas enfermedades, que para aquel momento eran mortales, Ya Palmira había crecido lo suficiente como para dejar de ser un simple paraje y convertirse en un pueblo de economía pujante, como para que sus habitantes sirvieran de intermediarios entre los pescadores, ganaderos y agricultores de la Dificultad y la gente proveniente del páramo. No obstante, esas enfermedades endémicas, obligó a pactar un sitio de canje al pie de las montañas, a donde la gente de la Dificultad subieran sus productos alejados de los criaderos de mosquitos portadores de los parásitos y bacterias causantes de dichas enfermedades y los habitantes de Palmira bajaran con sus productos agrícolas, negociarán, comercializarán y rápidamente volvieran hasta una altura en la que estuvieran a salvo.

A ese sitio de intercambio lo llamaron Arapuey, vuelvo a repetir, supongo que en distinción al Río Arapuey Grande y a los indígenas Arapueyes que habitaban por esa zona desde mucho antes que llegaran los españoles.

Se dice que el fundador de Arapuey fue Don José Tomas Delgado, quien por los años 1915 y 1920, se quedó en el sitio, posteriormente lo hicieron otras familias, provenientes de los tres Estados: Mérida, Zulia y Trujillo formando el poblado que hoy se erige al pie de las majestuosas montañas de los Andes venezolanos y donde comienza la extensa llanura que llega hasta las riberas del Lago de Maracaibo. Arapuey paulatinamente se fue poblando mientras algunos aventureros llegaban desde las partes altas y de otros caseríos más distantes, en busca del verdadero Oro de la vida “la tierra”, tumbando montaña (selva tropical) para crear haciendas de ganado, plátano y otros rubros agrícolas.

Uno de esos aventureros fue mi abuelo que en paz descanse, Don Hortencio Moreno proveniente de Palmira. Quien allí, se enamoró de Doña Catalina Matheus (mi abuela) quien era de Mendoza Fría en el Estado Trujillo, pero que estaba en Palmira bajo la tutela de un pariente, con quien se desposó, para formar mi templada familia.

Posteriormente la construcción de la Carretera Nacional Panamericana, por allá en los 1950 – 1955, sustituyó las viejas carreteras de tierra y piedra que desde principios del siglo XX ya existían por esos parajes, acelerando la densidad demográfica del pueblo y la zona.

Mis abuelos migraron primero de Palmira a las zona intermedias entre Palmira y Arapuey, allí, fundaron Las Palmitas, la primera finca de la familia, que poco a poco con el nacimiento de sus primeros hijos levantaron, se asentaron en un sector llamado la Florida cerca del Cerro, allí nacieron mis tíos: Eladio Moreno, Cancio Moreno, María Moreno, Zahira Moreno y Carmen Moreno. Y mientras levantaban esa hacienda de café, allí mismo también nacieron, mis tíos: Ricardo Moreno, María Augusta quien muriera siendo niña de tan sólo cinco años, Eugenio Moreno, Esther Moreno (mi madre) y su último retoño, mi tío Enrique Moreno.

Posteriormente mi Abuelo junto con sus hijos mayores fundaron la Montaña, una Finca de Plátanos y Ganado en Arapuey y precisamente la llamaron así, porque cuando ellos llegaron a esos terrenos ahí sólo había montaña, por no decir selva que paso a paso fueron derribando para fundar la finca. Paralelamente, mientras que ellos sembraban y creaban una de las fincas más grandes de Plátano de la Zona baja, en Arapuey, específicamente en el kilómetro Quince, el Quince como lo conocemos hoy, otros se quedaron en el Cerro cultivando café. Y con el tiempo seguían en el devenir de ir de una finca de Café a la de Plátanos en la zona baja y viceversa, sobre todo en las temporadas para sembrar y recoger el café y luego otra vez volvían a la Finca la Montaña.

Esos fueron quizás los días más duros que les tocó vivir a mis tíos. Me decía mamá, que ella jovencita de escasos diez u once años, la mandaban a la Montaña para que cocinará para los obreros y allí dormían en unas rancherías, sus camas eran catres de madera, a ella y a mi Tía Carmen les tocaba con la ayuda de otras obreras, levantarse a las cuatro de la mañana para hacerles la comida a una cuadrilla entera de hombres, que sembraban, mantenían y recolectaban la cosecha, para luego sacarla en enormes camiones (de la hacienda) y de otros particulares, hasta la capital. Luego en la temporada de la cosecha de café en la finca del Cerro, toda la familia se iba para la recolección, dice mamá que ella lloraba porque era una niña todavía y le tocaba hacer el trabajo de un hombre, toda una faena de recolección, ella me dice que sus manitas le ardían por las ampollas y rasgaduras que se le hacían por el desgrane de la semilla del café, definitivamente, fueron días muy duros para ellos.

Con el tiempo, Nono Hortencio vendería la finca de café y se quedaron por fin viviendo en Arapuey.

Ya tenían una Hacienda inmensa de Plátanos y comenzaban a criar ganado y sembrar otros rubros. Era de verdad grande, así como grandes eran los camiones de plátano que salían de su producción. La familia prosperó como para dejar de cierta manera atrás la pobreza y convertirse en parte de la clase media de ese entonces. Mamá, estudio su primaria completa y después por mejoramiento profesional se hizo maestra normalista y se encargó de la escuela del Quince, el pequeño caserío formado por los obreros y campesinos en torno a la hacienda, muy posteriormente a eso formó también su familia los Espinoza Moreno. Tío Ricardo se fue al ejército y mucho después de su regreso también formo su familia los Moreno Ribero, Tío Eladio el mayor de los hermanos formó su familia los Moreno Parra, se abrió camino por cuenta propia y fundo sus propios negocios. Posteriormente también lo hizo Tío Cancio quien se hizo constructor de bloques de arena, piedra y cemento, y comerciante. También formó su familia Los Moreno Andara. Tía Zahira se fue a trabajar a Maracaibo, allá también formó su familia los Quintero Moreno, Tía Carmen, quien había adoptado a una niña llamada Elide muy querida por todos y parte de nuestra familia, también se fue en busca de una mejor vida, primero, a Maracaibo y luego a Caracas, en donde intentó formar una familia casándose con Juan Machillanda, a quien posteriormente abandonó porque no le dio la vida que esperaba y se regreso a los Andes con su pequeño retoño y los dos también formaron su pequeña familia, dedicándose también al comercio de abasto.

Tío Eugenio luego de servir en el Ejército, también se independizó y se hizo hacendado, aunque él dice orgullosamente que es sólo un campesino más y formo su familia, los Moreno Matheus, estos últimos, parientes lejanos de Mamita (mi abuela). Tío Enrique, quien fue independiente desde muy joven, también formó su familia los Moreno Matos. Tía María siempre se quedó soltera, enfermo desde joven y luego de algunos años, murió estando yo muy niño aún, sin embargo, había adoptado a un niño llamado Jesús al cual llamábamos Chucho y que también fue parte de la Morenera.

Al regreso del Ejército, Tío Ricardo, se quedó trabajando en la Finca al lado de mi abuelo y mucho después viendo que Nono Hortencio ya estaba bastante mayor y enfermo, se hizo cargo de la Hacienda, quien luego de la muerte de mi abuelo, la siguió administrando hasta la actualidad.

Todavía recuerdo cuando iba a la Hacienda con Mamá y aún la producción era buena, recuerdo dos camiones Ford 750 y un Ford 350, repletos de plátano, yo niño todavía mientras Mama saludaba a los obreros, a mis tíos y primos que aún estaban en la faena, yo miraba asombrado las cantidades de racimos que arrumaban y pesaban en arrobas y cabuyas para la venta. Recuerdo que a veces jugábamos y corríamos entre las plantas y yo trataba de no alejarme mucho por temor, uno se podía perder en la extensa plantación, era como estar en un gran laberinto, que tiempos y que añoranza siento al recordarlo. De allí regresábamos a la casa con la maletera del carro al menos con dos ó tres enormes racimos de plátanos para la semana.

Lo que vino después, fue muy triste para todos. La Hacienda de plátanos más productiva de la zona se desmembró, primero supongo y con todo el respeto lo digo por mi Tío, por manejos inadecuados, estoy seguro que por omisión y después por la naturaleza, las inundaciones del Río El Quince que pasaba cerca y servía para su riego y manutención, y más recientemente, por las plagas que constantemente azotaban los grandes sembradíos. Creo que Tío Ricardo por razones que desconozco, luego de mudar a su familia para el pueblo trujillano de Monte Carmelo, para entonces a casi una hora y medía en auto, fue abandonando el cultivo del plátano, vendiendo parte de sus terrenos y al final, terminando con la Montaña. En la medida que vendió, compró otros terrenos adjuntos a donde tenía su casa y allí formó su finca agropecuaria, creo que conservo el nombre de la Montaña, pero ésta ya no era la misma.

Recuerdo también un tiempo en el que la familia se desunió y quedó fracturada desde entonces, porque al morir Mamita y, posteriormente cuando mis tíos Cancio, Enrique y otros reclamaron sus herencias, mi Tío Ricardo se negó rotundamente a repartir sus partes, alegando que él era el único que se había quedado trabajándola desde hacía ya mucho tiempo, en parte con algo de razón, dijo que sólo a él le correspondía por derecho, olvidando que en el pasado todos contribuyeron a su fundación y formación. Eso determinó el fin de la productiva Hacienda de Plátanos la Montaña.

Una Hacienda que por muchos años, con el esfuerzo y el tesón de mi familia y de muchas familias que se formaron alrededor de su desarrollo, los mantuvo y ayudó significativamente a sus economías y a la economía de Arapuey.

Aún perdida la Montaña, ellos, mis abuelos y tíos, nos heredaron cierto abolengo andino, una casta hecha con sangre, sudor y lágrimas, una estirpe que corre por mis venas y las venas de mi familia y que nos llama, una llamada de una historia ancestral, muy particular y significativa para mi y todos los que crecimos bajo el amparo de nuestros padres, tíos y abuelos.

Supongo que la fiebre por el Oro negro y las malas políticas de Estado de aquel entonces y, que provocaron el gran éxodo campesino, en parte estimuló también esta pérdida. La mayoría de mis Tíos abandonaron el campo y no los culpo, porque la vida del campesino y en aquellas épocas era dura, muy dura. Así que unos migraron a las ciudades, otros se dedicaron ha actividades que fueran menos hoscas, como el comercio como dije antes, no los culpo por buscar para ellos y para nosotros una vida mejor.

Aunque Tío Cancio nunca se desligó del campo y después de años de ser comerciante, sintió ese llamado, volvió ha cultivar y vivir de la tierra, compró un terreno en un bello paraje llamado los Caraños, cerca del Cerro y muy cerca de la antigua Finca de mi abuelo, Las Palmitas. Y allí formó con sus hijos su finca de café y cambur, quedándose ahí hasta entonces.

Y también mi primo Enrique (Kique) Moreno, quien después de casi cinco años de vivir en New York, sintió esa necesidad y regreso para hacerse cargo de su finca y seguir trabajando la tierra, actualmente compró un terreno más hacía el litoral del Lago y allí esta determinado a crear otra finca de Plátanos y ganado.

Yo también sueño con algún día regresar y estoy seguro que así como yo, muchos de mis parientes sueñan con lo mismo. ¡Volver al comienzo! Volver para cultivar esa tierra bendita otra vez.

Nono Hortencio y Mamita Catalina hicieron de sus hijos. Mis tíos… hijos de los Plátanos. Y también a todos sus nietos, bisnietos y tataranietos, aunque no le sepan, ellos también heredaron ese legado.

Gracias a ellos fuimos y somos lo que somos hoy. Una gran familia, que aún reconocen en nuestro pueblo y sus alrededores, familia de gente humilde, educada, digna y de respeto, Los Moreno Matheus y sus distintas derivaciones.

A ellos, a los forjadores de futuro dedico este post, a mis abuelos especialmente, a mis tíos, a mi Madre querida y a mis hijas.

Y también a todos mis primos queridos, a los que ya no están entre nosotros, a los que aún trabajan dignamente la tierra, a los que continuaron la senda de sus padres y aquellos que se hicieron ha punta de esfuerzos y sacrificios profesionales de la República, a los que están lejos de nuestra tierra y en el exterior y que estoy seguro algún día van a regresar, a los que viven decentemente y trabajan sin mayores riquezas, pero con dignidad y orgullo, a sus hijos, nietos y descendientes, a todos:

Mis primos:

Mireya, Alicia, Caridad, Chuy, Elide Silva, Omaira, Noris, Irma, Matilde, Mery, Edy, Ricardo Moreno Parra, José Moreno, Ramón Andara, Jesús (Chucho), Wilfredo, José Luis, Nancy, Rosita Gil (mi hermana de crianza), Isabel (La Catira), Lesbia, Diomira (Milla), María Eugenia (La Nena), Eric, Jenny, Elvira, José Andara (Joseito), Enrique (Kique), Jorge (Tote), Ricardo Moreno Matos, Javier Machillanda, Marina, Ricardo (Papi), Richard, Alcides, José Gregorio (Gollito), Duilia, Marlene, Reinaldo (Nano), Iranis (Nani), Papi, Lisbeth, Jairo, Zulay, Maribel y su servidor, Douglas Espinoza.

Todos sin excepción…

Hijos de los plátanos.

Referencias:

• Las crónicas de Ramón Delgado, nieto del fundador de Arapuey.
• Los relatos de mi Madre: María Esther Moreno de Espinoza y mis memorias.
• En los Andes.com. Consultado el 01/12/2009. http://www.enlosandes.com/
• Disfrute Venezuela.com. Consultado el 02/12/2009. http://www.disfrutevenezuela.com/historia-Merida.html

9 comentarios:

Leidys dijo...

Uff primo, este es un relato que hay que ensenarle a toda la familia.

Esto es Historia. Que bien lo haces...Personalemente lo guardo y lo paso a todos Y lo trasmitare.
Un abrazo!!!!

José Araujo dijo...

Muy bueno el relato. Recomiendo el libro "Palmira aproximación a su historia". Tiene muchas referencias a Arapuey.

Jose J dijo...

Y donde podría adquirir ese libro sobre Palmira?

Jose J dijo...

Existe una Familia en Arapuey llamada Daboin. Me imagino que es una de las primeras habitantes de ese pueblo.

Jose J dijo...

Y donde podría adquirir ese libro sobre Palmira?

Gerardo Moreno dijo...

soy de Arapuey de la familia Moreno residenciado en Maracaibo 1.960 en que Librerías esta ese libro tan interesante

Gerardo Moreno dijo...

Conocí a mi padrino Hortencio y a mi madrina Catalina, padres y madre de Cancio, Eugenio y Esther, que recuerdos, los llevo en mi corazon

Sofia Trejo dijo...

Primo! encontré l post de casualidad y me sorprendí mucho! Que bonito leer sobre nuestras raíces y llenarse de orgullo!! Ademas de ver el nombre de mis padres! :)

Una gran familia, en número y en calidad!!

Saludos!

todoscreativos dijo...

Creo que no hay nada que criticar, sólo el hecho que nos llamen campesinos. Este articulo nos lleva a la reflexión y tratar de entender lo que significa ser andino. Gracias por haber tomado como referencia poética a -El Malcriado-, la verdad conocí muy poco sobre él, tengo entendido que fue un primo lejano y que era un soñador. Arapuey tiene gente de mucho valor artístico, es una lastima que no se dejen ver. Saludos

Visitas al Blog

Suscríbite al Blog por E-mail

Entradas populares

DOUGLEANDO

Es real


Precisamente hay que decir lo que se piensa y donde se piensa, esa es una de las grandes virtudes de la democracia y en estas pseudo democracias decirlo con fundamentos y responsabilidad... más valor tiene la palabra y la protesta porque es aún más honroso, esto significa que aquí hay que decirlo muy bien, para no errar y caer en el delito o faltar a la Ley Resorte... En fin ahí voy... al grano... Hace unos días... asesinaron en un evento público a un Concejal de nuestra Municipalidad, precisamente al Presidente del Consejo Municipal... Y a pesar de no haber estado presente tengo que manifestarme en mi pequeña tribuna para decir que eso fue algo demasiado lamentable y hasta, sentí mucha pena por lo acontecido... que desdén tienen nuestras autoridades que no pueden siquiera brindar a la colectividad seguridad...


Leer más...